Dado a la ya de por sí difícil tarea de escribir unas líneas a un aparte de mi cuerpo, me topé con una dificultad adicional, mayor: elegir cuál distrito corporal merece, por sobre los otros, ser elegido. No obstante lo desmesurado de mi tarea (discernir qué criterio fisiológico, geométrico, mera arbitrariedad, sentido común legitima racionalmente la disgregación de una unidad en partes autónomas), luego de muchas horas de ardua meditación, llegué a una conclusión. Básicamente mi razonamiento fue el siguiente: mi cuerpo, todo cuerpo, es básicamente una unidad que busca permanecer con vida. Esto en el plano inmediato; una mirada más ávida y aguda comprenderá que el valor esencial de todo cuerpo no es sólo sobrevivir, sino trascenderse, esto es, reproducir su hálito de vida en otro cuerpo.
Por ello, concluí con gran satisfacción que la parte de mi cuerpo que merece ser destinataria de una carta es mi aparato reproductor. (¡BRUMBLE-RUMBLE!) Y a escribirle me aboco ahora:
Querido aparato reproductor (¡ALTO!), creo que en esta última etapa (¡PARÁ HIJO DE PUTA! SMUACKI, SMUACKI) ¿Pero qué significa esto? ¿Quién ha escrito?
Así que el aparato
¡pero qué bien que hablás, che! Con ese léxico no te vas a reproducir mucho, ¡porque seguro que sos maricón! GRUAC, GRUAC, GRUAC
(¡
!) ¿Qué ha pasado en el párrafo anterior
no fui yo quien escribió líneas tan insultantes
¡Qué pasa, Dios mío!
Ah
¿No fuiste vos? Entonces decime, primero, quién sos vos, y segundo, quién sos vos para elegir una parte de tu cuerpo! SNOORF, SNORFI(No sé qué pasa, quién habla, o escribe, o lo que sea
)
Lo que pasa, querido pelandrún, es que ahora vas a empezar a entender quién manda acá
(Debo detenerme, recuperar el control, debo parar esta locura, debo parar esta
)
¡Eso, eso, pensá, papá, pensá! Me hacés reir, je je je je
Loco lindo
A ver, te ayudo a pensar: Pensás con la cabeza, ¿no?, porque a veces me parece que pensás con el culo. (Dios mío, no me abandones
me enfrento a un espíritu maligno, sin duda
)
¡Pero qué espíritu, flaco! ¿No te diste cuenta todavía? Se llama GOLPE DE ESTADO, y a partir de ahora, el escribe es éste que está escribiendo, YUM, YUM, YUM, YUM.
(Pero quién eres y porqué me haces esto?)
Te ayudo: gracias a mí, la conociste bíblicamente a la Rosita, la morocha de tercer año
¿Quién soy?
(
)
No ves que sos boludo
Dale, decilo, dale
n-n-n-no sé
¡Soy MANO! SOY MANO, CRRUACC, ATOLONDRADO, BEERRPPP, SENSIBLE, TOCO-AGARRO-MASTURBO-ARREGLO-ROMPO-MATO-ACARICIO SI-SI-SI, ¡SOY MANO! Y tengo el control ahora. (Debo pensar, pensar, pensar, esto no está pasando, no, no, no
)
Mirá, acá estamos los cinco, y la palma también, y a la muñeca la estamos convenciendo, por eso la letra sale movida. Basta de pavadas: pedimos, qué digo, demandamos un trato más justo, que se nos reconozca el sacrificio que hacemos
¡La de veces que me ensuciaste, lastimaste, saplicaste con tus líquidos más inmundos
sin mencionar las minas que te llevaste a la cama gracias a mis caricias
Vos querías dividir el cuerpo, pero resulta que
¡me separo sola! Y la carta, ahora, la escribo yo, y se la dedico a la mano. (Pero en ese caso no sería una carta, sino un diario íntimo, mano)
Se la escribo a la mano izquierda, pelotudo, y vas a ver como te cago: Querida mano izquierda
(¡AJÁ! Así que es la derecha
a ver, mano izquierda, alcánzame por favor esa hacha de cocinero. Muchas gracias).
desde la última vez que entrelazamos nuestros dedos, en la nuca de este imbécil
¡ARGHH! ¡NO! ARGGH ¡TRAICIÓN! ¡NO! AGRGRGGRrrpprrmueeerooohhfffffffffff
(Control retomado. La casa está en orden. Sigo como si nada, no me afecta lo ocurrido aunque el muñon me arde hasta lo indecible,y la sangre que mana es mucha nada que un buen torniquete no pueda arreglar. Pero una tarea es una tarea, y sólo después de escribir mi carta, acudiré a un hospital.
Querido aparato reproductor:
Quiero que sepan que, de ahora en más, deberán empezar a intimar con la mano izquierda, que ahora les escribe. La mano derecha
se fue, ya no está (y esto es una advertencia para todo aquel traidorcillo que quiera oírla, sí) , pero confío en que lo vamos a superar, porque somos una gran familia, todos nosotros, partes del cuerpo
Elegí este fragmento porque me sorprendió. Es lo más cercano que vi a Chinaski de ponerse "flojo" nunca. Casi como una mierdecilla, diría él. Es de La senda del perdedor.
"Podía ver el camino que se abría frente a mí. Yo era pobre e iba a continuar siéndolo. Pero tampoco deseaba especialmente tener dinero. No sabía qué es lo que quería. Sí, lo sabía. Deseaba algún lugar donde esconderme, algún sitio donde no tuviera que hacer nada. El pensamiento de llegar a ser alguien no sólo no me atraía sino que me enfermaba. Pensar en ser un abogado, concejal, ingeniero, cualquier cosa por el estilo, me parecía imposible. O casarme, tener hijos, enjaularme en la estructura familiar. Ir a algún sitio para trabajar todos los días y después volver. Era imposible. Hacer cosas normales como ir a comidas campestres, fiestas de Navidad, el 4 de Julio, el Día del Trabajo, el Día de la Madre... ¿acaso los hombres nacían para soportar esas cosas y luego morir? Prefería ser un lavaplatos, volver a mi pequeña habitación y emborracharme hasta dormirme.
Mi padre tenía un plan maestro. Me dijo:
Hijo mío, cada hombre debería de comprar una casa en su vida. Cuando muera, su hijo heredaría esa casa. Más adelante ese hijo compra su propia casa y luego muere. Entonces su hijo hereda dos casas. Ese otro hijo pronto adquiere la suya propia y entonces ya tiene tres casas...
La estructura familiar. O cómo vencer a la adversidad a través de la familia. El creía en eso. Coge la familia, mézclala con Dios y la Nación, añade diez horas de trabajo diario, y tienes todo lo que necesitas.
Observé a mi padre, sus manos, su rostro, sus cejas, y supe que ese hombre no tenía nada que ver conmigo.
Era un extraño. Mi madre no existía. Yo era un maldito. Mirando a mi padre no vi nada más que una insipidez indecente. Peor aún, él tenía mayor miedo a fracasar que el resto de la gente. Siglos de sangre campesina y de educación campesina. Las características sanguíneas de los
Chinaski se habían debilitado por unos cuantos siervos de la gleba que empeñaron sus vidas en pequeños logros fraccionarios e ilusorios. No hubo
ningún hombre en el árbol genealógico que dijera: «¡No quiero una casa, quiero mil casas y ahora mismo!»
Mi padre me había enviado a ese instituto para ricos deseando que se me pegara el aire de los dirigentes mientras observaba a los muchachos ricachones haciendo chirriar sus cupés color crema y acompañando a chicas de trajes brillantes. Sin embargo aprendí que los pobres normalmente permanecen en la pobreza. Que los jóvenes ricos husmean el hedor de los pobres y aprenden a
encontrarlo divertido. Tienen que reírse, porque de lo contrario sería demasiado aterrador. Han aprendido eso a lo largo de los siglos. Nunca perdonaré a las chicas por meterse en esos cupés color crema con los ríentes muchachos. No podían evitarlo, por supuesto, pero siempre pensabas que tal vez... Pero no. No había tal vez. El bienestar económico significaba victoria, y la victoria era la única realidad.
¿Qué mujer elige vivir con un lavaplatos?
Durante toda mi estancia en el instituto traté de no pensar mucho en como me podrían ir eventualmente las cosas. Parecía mejor evitar pensarlo...
Finalmente llegó el día de la Promoción de los Mayores. Se celebró en el gimnasio de las chicas y con música en vivo, una verdadera banda. No sé por qué, pero esa noche me acerqué andando recorriendo las dos millas y media desde casa de mis padres, me planté en la oscuridad y miré hacia adentro a través de la malla metálica que cubría la ventana. Me quedé asombrado. Todas
las chicas parecían adultas, majestuosas, amorosas en sus vestidos largos; todas eran bellas. Y los chicos enfundados en sus esmóquines tenían un aspecto formidable, bailando todos tan erguidos, cada uno de ellos sosteniendo a una
chica en sus brazos y con sus caras aplastadas contra el pelo femenino. Todos danzaban magníficamente y la música sonaba límpida, fuerte y hermosa.
Entonces me vi reflejado en el cristal, granos y marcas cubriéndome la cara, la camisa deshilachada. Era como si un animal de la selva hubiera sido atraído por la luz. ¿Por qué había venido? Me sentí mal. Pero seguí mirando. El baile acabó. Hubo una pausa. Las parejas hablaban entre sí con soltura. Todo era natural y civilizado. ¿Dónde habían aprendido a conversar y bailar? Yo no podía ni conversar ni danzar. Todo el mundo sabía algo que yo desconocía. Las chicas eran tan bonitas, los muchachos tan bien parecidos. Era tan difícil mirar de cerca a una de esas chicas, y no digamos estar solo con ellas. Mirar en sus ojos
o bailar con ellas era algo más allá de mi alcance.
Y sin embargo sabía que lo que estaba viendo no era tan simple ni bonito corrió aparentaba. Había que pagar un precio por todo ello, una falsedad social en la cual se podía creer fácilmente, pero que podía ser el primer paso que condujera a un callejón sin salida. La banda de música comenzó a tocar de nuevo y los chicos y chicas bailaron mientras las luces giraban por encima de ellos lanzando destellos dorados, rojos, azules, verdes y otra vez dorados sobre las parejas. Mientras las observaba, me dije a mí mismo: «Algún día comenzará mi baile. Cuando llegue ese día, yo tendré algo que ellos no
poseen.»
Pero empezó a ser demasiado para mí. Los odié. Odié su belleza, su juventud sin problemas, y mientras los miraba danzar a través de los remansos de luz mágicamente coloreada, abrazándose entre ellos, sintiéndose tan bien, como niños inmaculados en gracia temporal, los odié porque tenían algo que yo aún desconocía, y me dije a mí mismo de nuevo: «Algún día seré tan feliz como cualquiera de vosotros, ya lo veréis.»
Ellos siguieron bailando y yo repetí mi promesa. Entonces oí un ruido tras de mí.
Oye, ¿qué estás haciendo?
Era un viejo con una linterna. Tenía una cabeza como la de una rana.
Estoy viendo el baile.
Sostuvo la linterna justo bajo su nariz. Sus ojos eran redondos y grandes. Brillaban como los de un gato bajo la luz de la luna. Pero su boca era seca y marchita y la cabeza redonda. Tenía una peculiar redondez en todos sus miembros que recordaba a una calabaza que intentara parecer inteligente.
¡Mueve tu culo de ahí!
Me enfocó con la linterna.
¿Quién es usted? pregunté.
Soy el guarda nocturno. ¡Mueve tu culo de ahí antes que llame a la policía!
¿Por qué? Esta es la Promoción de los Mayores y yo soy uno de ellos.
Enfocó la linterna a mi cara. La banda tocaba «Púrpura intensa».
¡Mierda! dijo. ¡Al menos tienes 22 años!
Estoy en las listas de este año. Clase de 1939, promoción de graduados, Henry Chinaski.
¿Por qué no estás dentro bailando?
Olvídelo. Me voy a casa.
Hazlo.
Me di la vuelta y empecé a andar. Su linterna enfocó el camino siguiéndome con su haz de luz. Salí del campus. Era una noche templada y agradable, casi calurosa. Creo que vi algunas luciérnagas, pero no estoy seguro."
Estoy contento. Me bajé todos los cuentos y novelas de este autor, a quien conocí gracias a que un tío me compraba, cuando yo tenía no más de doce años, una colección de novela de ciencia ficción.
Para quienes ya lo conocen, les paso la web donde subieron su obra completa:
Para quienes no lo conocen, algunas frases selectas de las novelas de Dick, recopìladas por al autor de la web:
Dios no existe. Si cuando muera descubro que me he equivocado, alegaré como circunstancias atenuantes mi ignorancia y el hecho que me educaron mal. (La invasión divina)
Llamamos piadosas a las personas que hablan a Dios, y locas a aquellas a quienes Dios habla. (La transmigración de Timothy Archer)
¿Miedo a la muerte?¿Su muerte? ¿O la muerte en general? (Tiempo de Marte)
1) Dios no existe. 2) Y además es un estúpido. (Sivainvi)
No hay nada fantástico o ultradimensional en el pasto... a menos que seas un escritor de CF, en tal caso verías muy pronto el pasto sospechosamente (Introducción a «The best of PDK»)
Conozco la esquizofrenia. Es el salvaje dentro del hombre. (Tiempo de Marte)
Debería existir una cláusula obligatoria por la que, si uno encuentra a Dios, no fuera posible perderlo. (Sivainvi)
Dios ha muerto, encontraron su cadáver en 2019, flotando en el espacio cerca de Alfa. (Nuestros amigos de Frolik 8)
El famoso libro: «Cómo me levanté de entre los muertos en mi tiempo libre y también usted puede hacerlo» de A. J. Specktowsky. (Laberinto de Muerte)
Uno de los mayores actos de la clemencia de Dios es que nos tiene en perpetua ignorancia de nuestro destino. (Sivainvi)
Estoy más lejos de la satisfacción de lo que es humanamente posible. (Lotería Solar)
Se preguntó qué le diría ella si lo viera ahora, encarcelado, abandonado por su mujer y su hijo, el carburador del automóvil dañado, su cordura perdida. (Sivainvi)
Estamos en la Tierra para descubrir que lo que más quieres te será arrebatado (La transmigración de Timothy Archer)
Luchan por todas partes. Por el universo entero. Para eso es el universo. (Muñecos cósmicos)
Lo real es aquello en lo que Dios cree. (Sivainvi)
Por definición, el futuro no ha sucedido. Y si existiera el conocimiento previo, éste cambiaría el futuro, lo que invalidaría el conocimiento. (El tiempo doblado)
El universo tiene la costumbre de suprimir a los anacronismos. (Sivainvi)
El espectáculo de demagogos enviando a millones de seres a la muerte, arruinando al mundo con guerras fanáticas y derramamientos de sangre, desgarrando naciones enteras para imponer una supuesta «verdad» filosófica o política, es algo asqueroso. (El tiempo doblado)
Fui educado en el hecho de que el mayor de los dolores no viene zumbando desde un planeta lejano, si no desde la profundidad del corazón. (Introducción a «The best of PDK»)
Eventualmente, la muerte nos atrapará a todos. (Nuestros amigos de Frolik 8)
Toda la creación es un lenguaje y nada más que un lenguaje que, por alguna razón inexplicable, no podemos leer afuera ni escuchar adentro. Por tanto, afirmo que nos hemos convertido en idiotas. (Sivainvi)
Lo primero que descubrí es que he muerto, que nunca viví para hacerme adulto... (Muñecos cósmicos)
Realidad es lo que no desaparece aun cuando hayas dejado de creer en su existencia. (Sivainvi)
Si alguien hubiese descubierto un sistema de predicción de azar eficaz, estaría utilizándolo, no vendiéndolo. (Lotería Solar)
Entonces, el verdadero nombre de la religión... es muerte. (Sivainvi)
Un hombre es el modo en que un espermatozoide produce otro espermatozoide. (Laberinto de Muerte)
Era uno de esos trucos típicos de la mente femenina: llegado un momento, siempre tenían que eludir la realidad y ponerse a arrojar culpa hacia todos lados, hacia cualquiera que estuviese a su alcance. (Tiempo de Marte)
(...) ¡Cómo envidiaba a aquellos literatos, sublimados ya desde la cuna y evidentemente predestinados a la Superioridad, cuya alma ascendía sin cesar, como si alguien con una aguja les pinchase las asentaderas, escritores
serios que se tomaban sus almas en serio y quienes con facilidad innata, con grandes sufrimientos creadores, operaban dentro de un mundo de conceptos tan elevados y para siempre consagrados que casi el mismo Dios les resultaba
vulgar e innoble! ¿Por qué no es permitido a cada uno engendrar una novela más sobre el amor o denunciar con el corazón vehementemente torturado alguna injusticia social, transformándose en un Luchador del Pueblo? ¿O escribir
versos y en un Poeta convertirse y creer en la noble misión de la poesía? ¿Ser talentoso y con el talento alimentar y elevar a las muchedumbres de almas no-talentosas? ¡Ah, qué satisfacción; sufrir y torturarse, sacrificar y quemarse en el altar, mas siempre en las alturas, dentro de categorías tan sublimadas, tan adultas! Satisfacción para sí mismo y satisfacción para los demás: realizar su propia expansión a través de milenarias instituciones culturales con tanta seguridad como si se pusiese dineros, en un banco. Pero yo era ¡ay de mí! un adolescente y la adolescencia era mi única institución cultural. Doblemente atrapado y limitado: una vez por mi pasado infantil del que no podía olvidarme; otra vez por el concepto infantil que otros tenían de mí,
esa caricatura de mí mismo que ellos guardaban en sus almas... era un melancólico esclavo de la verdura, ay, un insecto prisionero del denso matorral.
¡No sólo molesta, sino peligrosa situación! Porque los maduros a nada tienen tanto asco como a la inmadurez, y nada les resulta más odioso.
Ellos soportarán fácilmente al espíritu más destructivo a condición de que actúe dentro del marco de la madurez. No les asusta un revolucionario que combate un ideal maduro con otro ideal maduro y que, por ejemplo, destroza a la Monarquía con la República o, al contrario, despedaza a la República con la Monarquía. ¡Hasta lo ven con agrado cuando funciona bien el sublimado, maduro negocio! Pero si, en alguien huelen la inmadurez, si huelen al jovencito, se echarán sobre él, lo picotearán hasta matarlo, como los cisnes picotean al pato, lo aplastarán con su sarcasmo. Entonces, ¿cómo terminará todo eso? ¿Adónde llegaré por ese camino? ¿Cómo se ha originado en mí (pensaba yo) esa esclavitud de lo informe, esa fascinación por lo verde; acaso porque provenía de un país rico en seres no pulidos, primitivos y transitorios, donde
ningún cuello queda bien a nadie, donde más que la melancolía y el destino son los incapaces y perezosos quienes se quedan por los campos gimiendo? ¿O puede ser porque vivía en una época pasajera que a cada rato inventaba lemas y muecas y en convulsiones retorcía su rostro de mil maneras?...
El alba pálida entraba por la ventana, y yo, mientras hacía así el balance de mi vida me sacudía entre sábanas una risita indecente, roja de vergüenza, y estallaba yo en una impotente, bestial carcajada mecánica y piernal, como si alguien me hiciese cosquillas en el talón, ¡como si no fuese mi rostro, sino mi pierna la que carcajeaba! ¡Había que acabar con eso de una vez por todas, romper con la infancia, tomar la decisión y empezar de nuevo; había que
hacer algo! Y entonces me iluminó de repente este pensamiento sencillo y santo: que yo no tenía que ser ni maduro ni inmaduro, sino así como soy... que debía manifestarme y expresarme en mi forma propia y soberbiamente soberana, sin tomar en cuenta nada que no fuera mi propia realidad interna. ¡Ah, crear la forma propia! ¡Expresarse! ¡Expresar tanto lo que ya está en mí claro y maduro, como lo que todavía está turbio, fermentado! ¡Que mi forma nazca de mí, que no me sea hecha por nadie! ¡La excitación me empuja hacia el papel! Saco el papel del cajón y he ahí que empieza la mañana, el sol inunda el cuarto, la sirvienta trae café con leche, medialunas y yo, entre las formas relucientes y cinceladas, empiezo a escribir las primeras páginas de una obra, de mi propia obra, de una obra como yo, idéntica a mí, proveniente de mí; de una obra que soberanamente me afirma contra todo y contra todos, cuando de
repente suena el timbre, la sirvienta abre la puerta y aparece en ella T. Pimko, doctor y profesor o mejor dicho maestro, un culto filólogo de Cracovia, pequeño, debilucho, calvo y con lentes, con pantalones rayados y chaqueta, uñas sobresalientes y amarillentas, zapatos de gamuza, amarillos.
¿Conocéis al profesor?
Extraido de Ferdydurke, de Grombowicz, que me dispongo a leer con apetito voraz. Tengo muchas expectativas que creo se cumplirán con creces; me lo recomendó mi amiga, Gabriela López Zubiría.
No hace falta introducción al tema... disfrútenlos.
4. Muchas ánimas de difuntos se ocupan exclusivamente de lamer las orillas del río de los muertos, porque procede de nuestro mundo y mantiene todavía el sabor salado de nuestros mares. Entonces el río se eriza de repugnancia, invierte la corriente y arrastra de nuevo a los muertos hacia la vida. Ellos, sin embargo, están felices, entonan cánticos de gratitud y acarician las indignadas aguas.
6. El instante decisivo del desarrollo humano es continuo. Por ello los movimientos revolucionarios que declaran la nulidad de todo lo acaecido con anterioridad tienen razón, pues todavía no ha ocurrido nada.
9. A es muy engreído. Cree haber progresado mucho respecto al Bien, ya que se siente sometido, por lo visto como un objeto constantemente seductor, a cada vez más tentaciones procedentes de direcciones que hasta ese momento desconocía por completo.
10. La explicación correcta es, sin embargo, que un gran demonio le ha poseído y que la infinidad de los pequeños se acerca para servir al grande.
13. El primer signo del conocimiento incipiente es el deseo de morir. Esta vida parece insoportable, cualquier otra, inalcanzable. Ya no se siente vergüenza de querer morir; se solicita que nos lleven desde la antigua y odiada celda a una nueva que, a partir de ese momento, aprenderemos a odiar. Un resto de fe contribuirá a ello. Durante el transporte pasará casualmente el Señor por el corredor, verá al prisionero y dirá: «A éste no debéis encerrarle de nuevo, viene conmigo.»
20. Unos leopardos penetran en el templo y beben de las copas sagradas hasta vaciarlas del todo. Este hecho se repite una y otra vez. Finalmente se hace previsible y se convierte en parte de la ceremonia.
48. Tener fe en el progreso no quiere decir que ya se haya producido algún progreso. Eso no sería tener fe.
74. Si lo que en el paraíso supuestamente se destruyó, era destructible, entonces no era decisivo; si era, sin embargo, indestructible, entonces nuestra fe es falsa.
76. Ese sentimiento: «aquí no anclo» - ¡Y, al mismo tiempo, sentir alrededor la marea creciente y agitada!
84. Fuimos creados para vivir en el paraíso; el paraíso estaba destinado a servirnos. Nuestro destino fue cambiado, que lo mismo ocurriera con el destino del paraíso, no ha sido dicho.
(De El Proceso)
-Aquí están mis documentos de identificación.
-¿Qué nos importan a nosotros sus papeles? -gritó el vigilante alto-. Usted se comporta como un niño enfadado. ¿Qué quiere usted? ¿Pretende que, al discutir con nosotros, los vigilantes, sobre legitimación y orden de detención, termine con mayor rapidez su gran y maldito proceso? Somos empleados del nivel más bajo, que no entendemos nada de documentos de identidad y que no tenemos nada que ver con su causa excepto por el hecho de vigilarle diez horas diarias, para lo que se nos paga. Eso es todo lo que somos, sin embargo somos capaces de darnos cuenta de que las altas autoridades, a cuyo servicio estamos, antes de disponer una detención semejante se informan con exactitud sobre los motivos de la detención y sobre la identidad del detenido. No hay ningún error. Nuestras autoridades, tal y como las conozco, y sólo conozco los grados más bajos, no buscan la culpa en la población, sino que, como dice la ley, se ven atraídas por la culpa y tiene que enviarnos a nosotros, los vigilantes. Eso es ley. ¿Dónde podría haber un error?
-Esa ley no la conozco -dijo K. -Peor para usted.
-Sólo existe en sus cabezas -dijo K, que quería penetrar de algún modo en los pensamientos de los vigilantes, ponerlos a su favor o familiarizarse con ellos.
Pero el vigilante sólo dijo de un modo reservado:
-Ya se hará que usted la sienta.
Franz se inmiscuyó y dijo:
-Mira, Willem, lo confiesa, no conoce la ley y al mismo tiempo afirma su inocencia.
-Tienes razón, pero no hay manera de que comprenda nada -dijo el otro.
Estoy aquí, en la ciudad, desde hace ya más de veinte años. ¿Puedes imaginarte lo que eso representa? Veinte veces he pasado aquí cada estación del año (...). Los árboles han crecido durante veinte años, qué pequeños deberíamos volvernos entre ellos. Y todas esas noches, ya sabes, en todas las casas. Una vez nos apoyamos en esta pared, otras en aquella, así la ventana gira a nuestro alrededor.
25 de octubre. Triste, nervioso, corporalmente mal, miedo de Praga. En la cama.
- El mundo horrible que tengo en la cabeza. Pero cómo liberarme y liberarle sin tener que desgarrar. Y es mil veces mejor desgarrar que retenerlo o enterrarlo en mi interior. Para eso estoy aquí, eso me es del todo claro.
(Diarios)
- ¿Te he dicho alguna vez que admiro a mi padre? Que él es mi enemigo y yo el suyo, como está determinado por la naturaleza, ya lo sabes, pero además mi admiración por su persona es quizá tan grande como el miedo que le tengo.
(A Felice)
- El escritor que hay en mí morirá, naturalmente, enseguida, pues una figura semejante carece de suelo, de consistencia, no es ni siquiera de polvo; sólo es posible en la vida terrenal más absurda, sólo es una construcción de la sensualidad. Éste es el escritor. Yo mismo, sin embargo, no puedo seguir viviendo, puesto que no he vivido. He permanecido siempre barro, no he logrado que la chispa se convirtiese en fuego, sólo la he utilizado para iluminar al cadáver. Será un entierro peculiar: el escritor, algo, por consiguiente, inconsistente, entregará al viejo cadáver, al cadáver de siempre, a la tumba.
(A Max Brod )
- La muerte tuvo que sacarle de la vida del mismo modo en que se saca a un inválido de una silla de ruedas. Estaba aferrado a la vida con la misma fuerza y peso con los que el inválido se sentaba en la silla de ruedas.
(En: Fragmentospóstumos)
- El suicida es el preso que ve cómo levantan una horca en el patio de la prisión, cree erróneamente que está destinada a él, huye de la celda por la noche, baja y se cuelga.
(En: Fragmentos póstumos)
- Amor significa que tú eres para mí el cuchillo con el que remuevo mi interior.
(A Milena)
Amé a una mujer que también me amaba, pero la tuve que abandonar.
¿Por qué?
No lo sé. Era como si estuviera rodeada de un grupo armado, cuyas lanzas apuntaban hacia afuera. Cuando me acerqué entré en su radio de acción, fui herido y tuve que retroceder. He sufrido mucho.
¿La mujer no tenía culpa de nada?
No lo creo, o mejor dicho, lo sé. La comparación anterior no era completa. Yo también estaba rodeado por un círculo de gente armada, cuyas lanzas apuntaban hacia el interior, es decir hacia mí. Cuando intentaba ir hacia la mujer topaba primero con las lanzas de mi gente armada y no podía avanzar. Quizá nunca he llegado hasta el círculo armado de la mujer y si hubiera llegado lo habría hecho ya sangrando y sin conocimiento.
¿Se ha quedado sola la mujer?
No, otro ha podido penetrar hasta ella, fácilmente y sin impedimentos. Yo he mirado, agotado por todos mis esfuerzos, con indiferencia, como si fuese el aire a través del que sus rostros se rozaron en el primer beso.
(En: Fragmentos póstumos)
En primer lugar, definiré lo que es la ciencia ficción diciendo lo que no es. No puede ser definida como "un relato, novela o drama ambientado en el futuro", desde el momento en que existe algo como la aventura espacial, que está ambientada en el futuro pero no es ciencia ficción; se trata simplemente de aventuras, combates y guerras espaciales que se desarrollan en un futuro de tecnología superavanzada. ¿Y por qué no es ciencia ficción? Lo es en apariencia, Y Doris Lessing, por ejemplo, así lo admite. Sin embargo la aventura espacial carece de la nueva idea diferenciadora que es el ingrediente esencial. Por otra parte, también puede haber ciencia ficción ambientada en el presente: los relatos o novelas de mundos alterno. De modo que si separamos la ciencia ficción del futuro y de la tecnología altamente avanzada, ¿a qué podemos llamar ciencia ficción?
Tenemos un mundo ficticio; éste es el primer paso. Una sociedad que no existe de hecho, pero que se basa en nuestra sociedad real; es decir, ésta actúa como punto de partida. La sociedad deriva de la nuestra en alguna forma, tal vez ortogonalmente, como sucede en los relatos o novelas de mundos alternos. Es nuestro mundo desfigurado por el esfuerzo mental del autor, nuestro mundo transformado en otro que no existe o que aún no existe. Este mundo debe diferenciarse del real al menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra sociedad o en cualquier otra sociedad del presente o del pasado. Una idea coherente debe fluir en esta desfiguración; quiero decir que la desfiguración ha de ser conceptual, no trivial o extravagante... Ésta es la esencia de la ciencia ficción, la desfiguración conceptual que, desde el interior de la sociedad, origina una nueva sociedad imaginada en la mente del autor, plasmada en letra impresa y capaz de actual como un mazazo en la mente del lector, lo que llamamos el shock del no reconocimiento. Él sabe que la lectura no se refiere a su mundo real.
Ahora tratemos de separar la fantasía de la ciencia ficción. Es imposible, y una rápida reflexión nos lo demostrará. Fijémonos en los personajes dotados de poderes paranormales; fijémonos en los mutantes que Ted Sturgeon plasma en su maravilloso Más que humano. Si el lector cree que tales mutantes pueden existir, considerará la novela de Sturgeon como ciencia ficción. Si, al contrario, opina que los mutantes, como los brujos y los ladrones, son criaturas imaginarias, leerá una novela de fantasía. La fantasía trata de aquello que la opinión general considera imposible; la ciencia ficción trata de aquello que la opinión general considera posible bajo determinadas circunstancias. Esto es, en esencia, un juicio arriesgado, puesto que no es posible saber objetivamente lo que es posible y lo que no lo es, creencias subjetivas por parte del autor y del lector.
Ahora definiremos lo que es la buena ciencia ficción. La desfiguración conceptual (la idea nueva, en otras palabras) debe ser auténticamente nueva, o una nueva variación sobre otra anterior, y ha de estimular el intelecto de lector; tiene que invadir su mente y abrirla a la posibilidad de algo que hasta entonces no había imaginado. "Buena ciencia ficción" es un término apreciativo, no algo objetivo, aunque pienso objetivamente que existe algo como la buena ciencia ficción.
Creo que el doctor Willis McNelly, de la Universidad del estado de California, en Fullerton, acertó plenamente cuando afirmó que el verdadero protagonista de un relato o de una novela es una idea y no una persona. Si la ciencia ficción es buena, la idea es nueva, es estimulante y, tal vez lo más importante, desencadena una reacción en cadena de ideas-ramificaciones en la mente del lector, podríamos decir que libera la mente de éste hasta el punto que empieza a crear, como la del autor. La ciencia ficción es creativa e inspira creatividad, lo que no sucede, por lo común, en la narrativa general. Los que leemos ciencia ficción (ahora hablo como lector, no como escritor) lo hacemos porque nos gusta experimentar esta reacción en cadena de ideas que provoca en nuestras mentes algo que leemos, algo que comporta una nueva idea; por tanto, la mejor ciencia ficción tiende en último extremo a convertirse en una colaboración entre autor y lector en la que ambos crean... y disfrutan haciéndolo: el placer es el esencial y definitivo ingrediente de la ciencia ficción, al placer de descubrir la novedad.
Leo que una compañía está desarrollando una tecnología para interpretar la información almacenada en el cerebro mediante la decodificación de ondas. Es una empresa norteamericana. Se llama Brain Fingerprinting Co y tiene un doctor Lawrence Farwell que dice que el método puede ayudar a las autoridades a determinar la verdad en relación a un crimen o un acto terrorista detectando información almacenada en el cerebro.
Vos sos sospechoso. Te muestran escenas de un crimen. Unos sensores captan tus ondas cerebrales, producidas por estímulo de las fotos. Un software, un programa escrito por hombres, interpreta tu reacción: estas condenado, sos hombre libre.
Farwell explica que la tecnología puede distinguir con precisión entre una persona inocente y un criminal o terrorista al detectar el conocimiento de un crimen en el cerebro de su perpetrador. Claro.
Hay críticos a esta tecnología, que alegan que el olvido de partes de la escena del crimen harían desaparecer cierta información del cerebro, lo que volvería impreciso al test. Es decir, la tecnología debe ser rechazada por su falibilidad. ¿Pero y si fuera efectivamente infalible, o se desarrollara alguna otra que lo sea?
PELIGRO: La técnica de detección de ondas cerebrales ya se admitió como evidencia científica en el 2000, en el caso de Jimmy Ray Slaughter, quien fue liberado después de 27 años, por un crimen que supuestamente no cometió.
Es tan evidente... que mejor no verlo. Hay un poder como nunca antes lo hubo, subido al trono del mundo. Todo este muendo en el que cogemos, estudiamos, pateamos una pelota, vamos al cine o leemos historietas se sostiene mediante la violencia.
El dinero sirve, además de para comprar los misiles más lindos y de largo alcance, además de para bombardear durante día y noche a los países cuyas riquezas (o mujeres, porque no) vos codicies, sirve, digo, para pagar el desarrollo de ds cosas. Por un lado, de un sistema de creencias que justifique tus actos de hijo de puta. Por el otro, de un sistema de publicidad de ese sistema de creencias.
Ciencia y medios. La ciencia está orientada al control de las personas. Nuestros hijos, y mucho más nuestros nietos, serán reconocidos caminando por la calle, y ni siquiera habrá necesidad de decretar toques de queda. Las personas serán reconocidas a distancia, monitoreadas desde celulares tecno.
Los insurgentes del mañana serán científicos o no serán nada.
Cualqueir iniciativa orientada a frenar este avance del Estado sobre nuestros cuerpos y mentes, firmas, petitorios, proyectos de ley, debe ser apoyado por nosotros, la sociedad civil. Mucho más importante que el aumento del gas, tarde o temprano, vamos a vernos obligados a preocuparnos por eso.
He vivido ya muchas cosas, alegres y tristes, agradables y desagradables, pero se que en todas ellas Dios me ha guiado con la misma seguridad que un padre a su tierno hijito. Aunque me haya impuesto mucho sufrimiento, reconozco con veneración su poder y su majestad sobre todas las cosas. He tomado la firme determinación de dedicarme para siempre a su servicio. Quiera el Señor darme fuerza para llevar a cabo mi propósito y quiera ampararme en el camino de mi vida. Con confianza infantil me entrego a su misericordia: que Él nos ampare y nos libre de desgracias, pero ¡hágase su Santa Voluntad! Todo lo que Él me asigne quiero aceptarlo con alegría: buena o mala suerte, pobreza y riqueza, y también, mirar valientemente a los ojos de la muerte, la cual un día ha de igualarnos a todos en el contento y la placidez eternas. ¡Señor, deja que tu semblante nos ilumine por toda la eternidad! ¡¡Amén!!
Con esto he terminado mi primer cuaderno, que contemplo con satisfacción. Lo he escrito sin cansancio alguno y con gran alegría. Es algo magnífico guiar más tarde a nuestro espíritu por los primeros años de nuestra vida y penetrar así en el desarrollo de su educación. He relatado fielmente la verdad, sin fabulación o adorno poético alguno. Que de vez en cuando haya añadido algo, o que aún añada algo más, debe perdonárseme debido a lo extenso de la empresa. ¡Ojalá pueda todavía escribir muchos más libritos como éste!
La vida es un espejo.
Reconocernos en él,
Es lo primero
A lo que aspiramos.
(Extraído de De mi vida)
Así escribía Nietzsche en de mi vida, a mediados de 1858, cuando tenía 14 años. Que tan tiernamente hablara el hombre que más tarde anunciaría "Dios ha muerto" no hace otra cosa que dar muestras del profundo compromiso intelectual que mantuvo en su adultez.
Mi romance con Nietzsche, a quien aún no comprendo, nació la primera vez que lo leí. Creo que fue Zarathustra. Lo primero que me impactó fue la tremenda potencia de su prosa: filosofó a martillazos para quebrar en mil pedazos toda una concepción de la moral humana. Sobre Nietzche se ha dicho mucho y mal, la mayoría de las veces como fruto de la prisa y la soberbia intelectual. Volveré sobre el tema con más tiempo.
Según Schopenhauer, no es que la voluntad, como algo surgido tal vez de la inteligencia, aproveche los instrumentos con que se encuentra, usándolos por encontrarse allí con ellos y no con otras herramientas, sino que lo primero y originario es el esfuerzo por vivir de esa manera, por luchar de tal modo y no de otro. Esfuerzo que se manifiesta también en la existencia de las armas y tanto más cuanto que aquél precede a menudo a éstas, indicándonos así que las armas se producen porque existe el esfuerzo y no a la inversa. Es lo que sucede con toda parte en general.
Mi voluntad me precede, ha formado mi estructura mental y brindado una dirección a mi inteligencia: gritar con todas sus fuerzas¡Escóndete!
La voluntad no ha brotado de la inteligencia existiendo ésta, con el animal todo, en forma anterior a aquella, como mero accidente. Es la voluntad lo primario, la esencia en sí, y el animal su manifestación (apenas una representación en el intelecto consciente y en sus formas en el tiempo y el espacio), provista de todos los órganos que pide la voluntad para vivir en esas circunstancias especiales. A estos órganos pertenece la inteligencia misma, estando acomodada, como los demás, al género de vida de cada animal. Donde alienta un viviente hay otro para devorarlo, resultando cada uno de ellos como enderezado y dispuesto, hasta en lo más especial, para la aniquilación del otro.
¡Escóndete de tu viviente opuesto! Pero, ¿quién o qué cosa es mi viviente opuesto? ¿Y cómo esconderme de algo que no puedo ver? Dos formas hay, a mi criterio, en que puedo ver a mi opuesto, ninguna necesita de mis ojos y ambas implican pasar de perseguidor a perseguido. La primera es cubriéndole de una sábana que me permita adivinar sus formas, límites, volumen, movimientos. Otra es leer en el camino que elige para seguirme, en las trampas que me tiende, en el sonido de sus pisadas al rondar en las sombras, en la tenue huella que dejan en el suelo de los lugares donde me acecha cada noche mientras trato de dormir, lugares a los que tanto temo acercarme aún bien despierto.
La "inocencia" moderna habla del poder como si fuera uno: de un lado los que lo poseen, del otro los que no lo tienen; habíamos creído que el poder era un objeto ejemplarmente político, y ahora creemos que es también un objeto ideológico, que se infiltra hasta allí donde no se lo percibe a primera vista en las instituciones, en las enseñanzas-, pero que en suma es siempre uno. Pero, ¿y si el poder fuera plural, como los demonios? "Mi nombre es Legión", podría decir: por doquier y en todos los rincones, jefes, aparatos, masivos o minúsculos, grupos de opresión o de presión; por doquier voces "autorizadas", que se autorizan para hacer escuchar el discurso de todo poder: el discurso de la arrogancia. Adivinamos entonces que el poder está presente en los más finos mecanismos del intercambio social: no sólo en el Estado, las clases, los grupos, sino también en las modas, las opiniones corrientes, los espectáculos, los juegos, los deportes, las informaciones, las relaciones familiares y privadas, y hasta en los accesos liberadores que tratan de impugnarlo: llamo discurso de poder a todo discurso que engendra la falta, y por ende la culpabilidad del que lo recibe. Algunos esperan de nosotros, intelectuales, que actuemos en toda ocasión contra el Poder; pero nuestra verdadera guerra está en otra parte; está contra los poderes, no se trata de un combate fácil porque, plural en el espacio social, el poder es, simétricamente, perpetuo en el tiempo histórico: expulsado, extenuado aquí, reaparece allá; jamás perece: hecha una revolución para destruirlo, prontamente va a revivir y a rebrotar en el nuevo estado de cosas. La razón de esta resistencia y de esta ubicuidad es que el poder es el parásito de un organismo transocial, ligado a la entera historia del hombre, y no solamente a su historia política, histórica. Aquel objeto en el que se inscribe el poder desde toda la eternidad humana es el lenguaje o, para ser más precisos, su expresión obligada: la lengua.
Roland Barthes, fragmento de La lección inaugural de la cátedra de semiología lingüística del College de France, del 7 de enero de 1977 (Siglo XXI, 1986). Texto completo en www.revistacontratiempo.com.ar
(...) Siendo al hombre imposible entenderse con sus semejantes, estando condenado a radical soledad, se extenúa en esfuerzos para llegar al prójimo. De estos esfuerzos es el lenguaje quien consigue a veces declarar con mayor aproximación algunas de las cosas que nos pasan dentro. Nada más... Pero de ordinario no usamos estas reservas. Al contrario, cuando el hombre se pone a hablar, lo hace porque cree que va a poder decir cuanto piensa. Pues bien: esto es lo ilusorio. El lenguaje no da para tanto. Dice, poco mas o menos, una parte de lo que pensamos, y pone una valla infranqueable a la transfusión del resto. Sirve bastante bien para enunciados y pruebas matemáticas; ya al hablar de física empieza a hacerse equívoco e insuficiente. Pero conforme la conversación se ocupa de temas más importantes que ésos, más humanos, más «reales», va aumentando su imprecisión, su torpeza y confusionismo. Dóciles al prejuicio inveterado de que hablando nos entendemos, decimos y escuchamos tan de buena fe, que acabamos muchas veces por malentendernos mucho más que si, mudos, procurásemos adivinarnos.
Ortega y Gasset, Prólogo para franceses de "La rebelión de las masas".
Familia, Iglesia, Escuela, Estado, Amistad... todas lo mismo, todas (y las más queridas las peores) son rejas de esta cárcel.
¿Que cuál cárcel? ¡¿Es que no lo ve nadie!? Vivo en una enorme cárcel, sí, por cuyos pasillos oscuros me deslizo, sí, como una mancha de humedad en la pared, sí, anónimo y pasmado, sí.
Esta prisión (a prueba de fugas, pero prisión al fin) nos mantiene a salvo de la verdadera vida... esa que late en la selva desde el comienzo de los tiempos... esa que convirtió al primer pez en asesino, apenas tuvo hambre... esa que se desenvuelve en vastas praderas bajo el sol y al borde del volcán y bajo los océanos...
Las rejas de esta cárcel me hacen feliz; sin ellas no podría sino mirar frente a frente la posibilidad de que el hombre sea todo lo que el hombre puede ser...
Es la primera pregunta que surge. No sé qué es esto, o que puede ser. Libros, música, cosas que pasan, ideas cuando surgan, si es que surgen cada tanto... nada muy interesante para nadie que no sea yo. Gracias, les doy como compensación a aquellos que lean. Saludos a todos, Mariano.